jueves, 24 de enero de 2013

Crecimiento personal y espiritual


CRECIMIENTO PERSONAL Y ESPIRITUAL

 

La ciencia tiene explicación para todo, por ejemplo dar explicación al mal comportamiento de la conducta humana la encontramos en la pedagogía cuando se le da la siguiente razón:

“El ser humano no nace ni hombre ni mujer, solo nace un mamífero superior hambriento, es la educación, la cultura y la familia quienes harán de este ser una mujer o un hombre, si se logra el objetivo, ya que en ocasiones la educación fracasa y vemos tanta similitud en un ser humano con un animal que sorprende”.

Por ello teniendo presente que el ser humano es antes que nada un animal, queda más fácil comprender por qué en tantas ocasiones la mente se deja llevar por el impulso garantizando conductas y comportamientos de los que luego se arrepiente.

Empecemos a analizar cuáles son las conductas que nos separan de la bestia:

·         La capacidad de postergación: Si el proceso educativo, formativo, cultural y los patrones de familia tuvieron éxito se supone que el ser humano después de los 4 años ya ha desarrollado el control de esfínter (el deseo de evacuar), y que en lo sucesivo estará presto para desarrollar la tolerancia a la frustración, a la capacidad de espera y respetar el turno del otro, para finalmente llegar al fin de su adolescencia (20 – 24 años) con gran habilidad para postergar, tolerar, esperar, aguantar y no darse por frustrado o atormentado porque algo no salió como esperaba. 

·        La capacidad de pensar: Las personas desarrollamos el pensamiento desde antes de nacer en el momento de ser engendrados lo primero que se empieza a formar es el corazón, luego la cabeza y el primer órgano que funciona es el oído por ello la persona cuando nace ya trae una información, ello sin nombrar su información genética que ya ha venido recreando desde que fue engendrado, por ello cuando el bebé, empieza a hablar sorprende a la familia con frases que no se esperan de un niño, la explicación está en el cúmulo de información que su cuerpo ya tiene. 

Partiendo de este conocimiento debemos preguntarnos ¿Qué piensa el ser humano?, ¿De qué alimentamos la sique?

La respuesta es sencilla, del diario vivir, de lo que hablamos, de lo que nos dicen, de lo que vemos, por ello es tan trascendente que nuestros días los llenemos de cosas positivas, que nuestros diálogos sean correctos, que lo que decimos sea siempre desde un pensamiento consciente y no desde el apasionamiento y la euforia del momento. 

·        Los sentimientos: El ser humano se distingue del animal porque tiene sentimientos, las personas recordamos a quien queremos, a quien amamos y también a quien odiamos. Esa capacidad de recordar es lo más lindo que poseemos, sin embargo tal capacidad está mal manejada, también es la que nos enferma; miremos como un resentimiento de años nos daña la salud, el alma, el espíritu, de ahí la capacidad también de olvidar, estas dos virtudes las debemos tener muy presentes en el diario vivir.
 
Una de las últimas diferencias que el ser humano tiene con la bestia es la conservación de la virtud, los valores, el honor, la lealtad o los llamados “imperativos categóricos universales” y las virtudes teologales, la fe, la esperanza, la caridad y los principios de vida, la templanza, la austeridad, la capacidad de ser generosos, la bondad, el don del estoicismo, esa fuerza de soportar lo insoportable para obtener lo imposible.

 
Este repaso por la gran diferencia entre un animal y un ser humano se debe realizar cada vez que nuestra condición de animales se sobrepone a nuestra condición de humanos para que recordemos que no podemos ponernos al nivel del animal y abandonarnos en la vida pasional visceral y animalesca que conduce a la satisfacción de las pulsiones y deseos sin una cuota moderadora de dignidad.

Por lo anterior es oportuno aclarar que sólo somos humanos cuando nuestra conducta así lo indica, de modo tal que ser humano es un honor que se teje y se consigue día a día con la suma de nuestras conductas.

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DESTREZA MENTAL